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Panorama
político nacional de los últimos siete días
Las crecientes
dificultades del oficialismo para disciplinar su tropa propia y su sistema de
aliados se manifestó en la Cámara de Diputados durante la extensa sesión que
concluyó escandalosamente la madrugada del jueves 11 de diciembre. Se trataba
en el recinto el proyecto presidencial de amnistía para capitales irregulares,
cuyo trámite parlamentario fue taquigráficamente acelerado por fuerzas leales al
matrimonio Kirchner). En esa ocasión, no sólo actuaron misteriosamente
perturbados los mecanismos automáticos de recuento de votos legislativos (que
contabilizaron a favor de la propuesta K votos emitidos en sentido opuesto),
sino que el oficialismo dio por aprobado el proyecto pese a no haber
conseguido la mayoría especial que reclama la Constitución para algunos de
sus artículos, por afectar la distribución impositiva federal. El kirchnerismo
no logró reunir 129 votos, es decir, la mitad más uno del total de integrantes
de la Cámara. En cualquier caso, de inmediato, precipitadamente, las fuerzas K
dieron ingreso en el Senado al proyecto con esa media sanción irregular y se
proponen tratarlo y aprobarlo a idéntica velocidad (y, al parecer, con similar
escrúpulo) la tercera semana de diciembre en la Cámara Alta.
Esos hechos
exhiben con transparencia el debilitamiento de la disciplina kirchnerista (su
propio bloque quedó erosionado con la pérdida de un buen número de integrantes
acaudillados por Felipe Solá y varios de los que permanecieron en sus filas y
votaron el proyecto en general, flaquearon a la hora de la votación en
particular, pues objetaban sobre todo el vidrioso articulado que podría
facilitar el lavado de dinero). Simultáneamente, confirman el enorme interés de
la Casa Rosada por ver sancionada la ley de blanqueo, un interés que no vacila
en provocar un escándalo que necesariamente concluirá con un pronunciamiento de
la Justicia, ya que los congresistas de virtualmente todos los restantes
bloques, desde la Coalición Cívica y el Pro, pasando por el peronismo anti-K,
hasta el centrismo de los ex aristas y el progresismo de Fernando Solanas se
disponen a reclamar ante instancias judiciales (no excluyen la propia Corte
Suprema) la nulidad del procedimiento que el oficialismo dio por aprobado en la
Cámara Baja.
El argumento de la
Casa Rosada para dictar la amnistía a los capitales irregulares se apoya en la
proclamada esperanza de que los beneficios que ofrece los atraigan a estas
playas. Se calcula que unos 123 mil millones de dólares de argentinos están
depositados en el exterior. Se ofrece a los fondos que quieran repatriarse una
notable gracia: la garantía de que no se le requerirán datos sobre el origen y
el pago de apenas entre el 1 y el 8 por ciento para blanquearse (la tasa que
pagan los no evasores, los contribuyentes leales, alcanza el 35 por ciento).
Ese premio a la evasión fiscal (que el muy eficiente ex administrador de la
AFIP, Alberto Abad, definió como "crimen contra la cultura tributaria")
difícilmente tenga éxito, por otra parte. Lo que impulsa a los capitales hacia
el exterior no son las "gangas", sino la búsqueda de seguridad jurídica: ese es
el motivo por el que se calcula que en el último año huyeron del país 20.000
millones de dólares, una fuga más notable que la que Argentina padeció en
plena crisis 2001-2002.
Los más suspicaces
consideran que los únicos que pueden interesarse en la amnistía oficial a los
capitales irregulares son los que necesitan blanquear dinero negro, proveniente
de actividades ilícitas (desde los resultados de la corrupción y las coimas a
los fondos originados en el narcotráfico, el delito organizado, las redes del
contrabando, la trata de personas, etcétera). De hecho, este temor ha sido
puesto de manifiesto no sólo por la previsible oposición política local, sino
por las organizaciones globales que controlan los movimientos del dinero
clandestino, que entrañan amenazas a la seguridad de las naciones, pues terminan
traduciéndose en fortalecimiento del terrorismo y de las organizaciones
criminales. El proyecto oficial ha motivado el severo escrutinio de la GAFI (
una fuerza intergubernamental de tareas que tiene por objetivo el combate
contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo de la cual el país
es miembro); no cumplir con los compromisos que emanan de esas organizaciones
supondría reforzar el ya notable aislamiento que sufre la Argentina. Más grave
aún: que capitales originados en los carteles del narcotráfico recurran al
lavadero argentino se traduciría en un incremento de las actividades (los
crímenes y el ensanchamiento del poder) de esos sectores en el país. A la luz de
esos riesgos y amenazas, hasta la plaga del "capitalismo de amigos" parece más
benévola.
Lo que vendrá
El creciente
desorden bajo los cielos kirchneristas y su progresiva anemia parlamentaria
representan una pesadilla para la Casa Rosada, a la luz del calendario electoral
y la evolución de la crisis económica. La última semana Néstor Kirchner infló
el pecho y les vendió confianza a varios de sus seguidores, asegurándoles que
"ganaremos las elecciones del 2009". Se regodeó con la idea de que esa
victoria desmentiría los pronósticos de la prensa: "La gozaremos más", dijo.
Kirchner actuaba menos como vaticinador que como jefe de huestes vacilantes.
¿A qué oficiar de oráculo? Como enseñaba Cicerón: "Nada se gana con saber lo
irremisible, pues es una desdicha atormentarse en vano".
No en el lejano
mes de octubre, sino hoy mismo, en vísperas de las fiestas de fin de 2008, las
encuestas indican que el oficialismo perdería al menos 4 de los principales
distritos: Capital, Córdoba, Santa Fé, Mendoza. En la provincia de Buenos Aires
se encuentra la esperanza oficialista, pero allí viene mal barajado en los
pueblos rurales y, además, los municipios del primer cordón del Gran Buenos
Aires suelen votar siguiendo las mismas tendencias porteñas. La ilusión se
concentra en el núcleo duro del segundo y tercer cordón granbonaerenses.
El kirchnerismo
tiene, en cualquier caso, el problema de los candidatos en la provincia de
Buenos Aires; sólo cuenta con dos nombres que atraen intención de voto, pero
por el momento tienen ocupación: son el gobernador Daniel Scioli y el jefe de
gabinete Sergio Massa.
La idea de que el
mismísimo Néstor Kirchner tome la bandera de una candidatura (a senador o a
diputado) tiene su plausibilidad desde la perspectiva de un sinceramiento de la
situación y la búsqueda de levabntar el espíritu de sus ejércitos; pero los
estudios demoscópicos no son alentadores. Al ex presidente sólo se le asigna un
9 por ciento de intención de voto.
Así y todo,
Kirchner podría no estar demasiado lejos de la verdad cuando se proclama
ganador… a condición de que por ganar sólo se entienda salir primero. Podría
ocurrir que el kirchnerismo consiguiera sacar más votos que cada una de las
fuerzas que se le opongan. De hecho, a eso ha quedado reducida su estrategia
electoral. Sucede, con todo, que si salir primero ante una oposición dispersa
sólo equivale a obtener el 28 a 34 por ciento de los votos, esa presunta
victoria se transformaría en una victoria a lo Pirro. Es que las del 2009 son
elecciones parlamentarias (y en ellas el oficialismo es el que más bancas pone
en juego). Con esos porcentajes, Kirchner perdería su ya desflecado poder
parlamentario y –lógica consecuencia- caerían los superpoderes, se modificaría
la relación de fuerzas en el Consejo de la Magistratura que controla la
disciplina judicial y se terminaría de indisciplinar el redil del justicialismo
que aún obedece a Olivos. El peronismo buscaría nuevos ejes de reagrupamiento.
Aún si,
pese a los esfuerzos que hoy se observan, las fuerzas de la oposición no
hubieran conseguido para los comicios próximos suficiente coordinación y
convergencia, sin duda estarían en condiciones de coincidir en el Congreso con
bancas suficientes para acotar las arbitrariedades del Ejecutivo. El
kirchnerismo, acostumbrado a gobernar con la suma del poder y la caja, se
encontraría ante un dramático momento de decisión. Cruel incertidumbre.
Jorge Raventos
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